Obispado de San Nicolas de los Arroyos

Obispado de San Nicolas

ABORTO:

¿DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONAS?

El planteo del título de este artículo parecería exagerado. Sin embargo, un médico, el Dr. Fernando Secín, así lo planteó en la ponencia que realizó ante el Senado de la Nación, y culminó diciendo: “No cuenten con nosotros para matar argentinos”. Es que los médicos saben más que nadie lo que se realiza cuando se concreta un aborto. “No es un parecer brotado de una coyuntura determinada ni empotrado en tal o cual estructura socioeconómica ni emanado de una religión. El Juramento Hipocrático ya mandaba al médico no aplicar prácticas abortivas; nació hace más de 2.400 años: cuatro siglos antes que a Grecia llegase el cristianismo, dieciséis siglos antes que se instaurasen las corporaciones, veinte siglos antes que naciera el capitalismo y veintitrés centurias antes que el colectivismo. Si eso fue así, es porque la conciencia de que es una desgracia interrumpir el embarazo constituye una constante del espíritu humano desde los albores del pensamiento”.

 

Una premisa: hay vida desde la concepción

Desde el punto de vista médico:
Estudios genéticos actuales permiten descubrir con más claridad que hace algunos años, que hay vida humana desde la concepción en el seno materno. Dice una publicación de la UCA: “Desde la genética podemos decir que en el óvulo recién fecundado tenemos la misma secuencia de ADN que tendrá ese ser humano adulto, que no es la misma que tiene la madre. De hecho, hay un dato indudable e indiscutible: el análisis genético del embrión permite conocer cada vez más sobre el futuro de la persona, aun sus posibles enfermedades. Por eso hoy se habla tanto de la revolución del “genoma humano”, ya que la ciencia puede leer la totalidad de la secuencia genética que un sujeto porta en su ADN mucho antes de su nacimiento. ¿Por qué los diagnósticos prenatales podrán ser cada vez más certeros? Porque que el embrión contiene realmente esa información, más allá de que ese individuo todavía no haya desarrollado plenamente”.
Desde el ámbito jurídico nacional e internacional

El derecho a la vida surge de los Tratados Internacionales agregados a la Constitución. Desde la reforma del ’94 hay una serie de tratados internacionales que se consideran parte de la Constitución (art. 75, inc. 22: ….La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Protocolo Facultativo; la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas la Formas de Discriminación Racial; la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la Convención sobre los Derechos del Niño; en las condiciones de su vigencia, tienen Jerarquía Constitucional, no derogan artículo alguno de la primera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos. Sólo podrán ser denunciados, en su caso, por el Poder Ejecutivo Nacional, previa aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara”. O sea, que antes de la reforma del ’94, no había un artículo que hablara expresamente del derecho a la vida, pero desde ese momento, si.

Hay que mencionar también al Código Civil, el cual considera que hay vida desde la concepción en el seno materno. Desde la concepción en el seno materno comienza la existencia de las personas y antes de su nacimiento pueden adquirir algunos derechos, como si ya hubiesen nacido. Es obvio que el derecho a la vida está tutelado por los tratados internacionales mencionados, que desde la reforma del ’94 se consideran parte de la Constitución Nacional, como dice el párrafo anterior.

 

La década de los 70 y la coyuntura actual

En los años 70 se dio en la Argentina una situación muy triste que se denominó: “Terrorismo de Estado”, situación condenada y rechazada por todos, al menos en el presente. Esa época, aunque parezca exagerado decirlo, tiene similitudes con la ley del aborto que estamos a punto de aprobar ¿por qué?

En 1975, en el Poder Ejecutivo de la República Argentina, durante el gobierno constitucional, se redactan los así llamados “decretos de aniquilamiento”, que mandan textualmente: “aniquilar a los elementos subversivos”. Hoy, un presidente constitucional abre el debate para que el Congreso de la Nación decida si es legal eliminar una vida humana en el seno materno a través del aborto.

Quienes vivimos aquella época, sabemos que el aniquilamiento de personas sin juicio previo, se pudo realizar porque existía el consentimiento implícito de no pocos argentinos. Hoy, la ley del aborto tiende a salir con el consentimiento explícito de una buena parte de argentinos y por la intervención activa de Diputados y Senadores que promueven la eliminación, sin juicio previo, de inocentes que en el seno materno no se pueden defender.

Quienes llevaron a cabo la tortura y muerte de personas, sin juicio previo, probablemente lo hicieron libremente porque estaban identificados con esa causa, aunque podemos pensar que algunos, tal vez, fueron condicionados o presionados para llevar a cabo esos crímenes horrendos. Hoy, con la ley del aborto, queremos obligar a médicos y clínicas a que maten a personas inocentes e indefensas, aunque, por razones más que obvias, no estén identificados con la causa, es decir, no quieran cometer un homicidio, como afirmó el Dr. Secin ante el Senado de la Nación.

En una posible concesión de objeción de conciencia – que todavía no sabemos si existirá -, la ley, con media sanción, pide que los médicos que se nieguen a hacer un aborto se anoten en una lista como objetores de la ley, como quienes “casi” están fuera de la ley; y hasta ahora, niegan la objeción de consciencia “institucional”, de modo que las clínicas están obligadas a realizar abortos. En realidad, si la ley se sanciona, los que tendrían que anotarse son los médicos que quieren realizar un aborto, al menos para que quede claro que la tortura y muerte de personas va a ser realizada por quienes están identificados con esa causa. De no ser así, estaríamos ante un Estado totalitario, que manda matar sin dar opción a no hacerlo.

A los mencionados crímenes de los años 70, se los llama “de lesa humanidad”, etimológicamente, por lesionar o ir en contra de los derechos humanos fundamentales, en ese caso, por tratarse del secuestro, tortura y muerte de personas por parte del Estado o de una organización política, con su autorización o consentimiento. Con la ley del aborto, se lesiona un derecho fundamental, el derecho a la vida. Es vida, la del adulto torturado y muerto fuera del seno materno, como la del niño torturado y muerto dentro del seno materno, o expulsado del seno de su madre y matado después, porque la ley de aborto con media sanción, permite matar a un niño hasta un día antes de que sea dado a luz. Allí queda claro el espíritu de la ley.

En los años ’70 quienes ejecutaban el terrorismo de estado, sorprendían a las personas por la noche, mientras dormían, a la mañana o al atardecer, las detenían, las torturaban y las mataban sin juicio previo; algo claramente injusto e ilegal. Ese tipo de inseguridad, típico de los años ’70, habrá llegado al seno materno en el presente, porque el aborto va a sorprender a muchos niños que crecían en un ámbito hasta ahora protegido, los matará allí, o los expulsará para que mueran fuera. Como en aquellos tiempos, será algo tremendamente inhumano.

En los años ’70, el terrorismo de Estado esperaba que las madres embarazadas que estaban en los lugares de represión ilegal tengan sus hijos, a ellas las mataban y daban ilegalmente a sus hijos en adopción. Si los legisladores no se abren a la alternativa de agilizar una ley de adopción que salva las dos vidas, la ley del aborto matará a los niños en el seno materno y se lo negará a muchos matrimonios, a los cuales les daría una enorme alegría tener un hijo del corazón, porque no han podido tenerlo naturalmente.

La característica de los delitos de “lesa humanidad” es que no prescriben, por eso la justicia argentina pudo juzgar y dar reclusión perpetua a quienes los cometieron, aún muchos años después de acontecidos los hechos. La ley del aborto no sólo no decreta que ese delito, por lesionar gravemente el derecho a la vida, no prescribirá, sino que, mientras exista, seguirá afirmando que no es delito.

La década de los ’70 dejó una herida muy profunda en los argentinos, que no se ha cerrado, aun después de más de cuarenta años. Por eso, hace ya tiempo se escribió una obra muy difundida y titulada: “Nunca más”. La herida que dejará la ley del aborto ¿será menor?. Lástima que no podremos decir “Nunca más” porque estará vigente.

Les comunicamos que Dios existe y es un Padre Bueno que perdona, pero es justo. Dios perdona el pecado grave y gravísimo, en fin, todo pecado, pero eso no quita la reparación, es decir, la pena debida por el pecado perdonado. En otras palabras, la persona que ha dañado gravemente a otras personas, tiene que reparar. ¿Cómo aplicará Dios la pena debida a quienes apoyaron o promulgaron esta ley?, sólo Dios lo sabe. Por ahora sabemos que si se sanciona una ley del aborto, los argentinos nos habremos autocastigado con una ley que traerá un sufrimiento difícil de predecir, por que las injusticias conllevan dolor, y si son graves, traen aparejado un gran sufrimiento.

Aunque soy un Obispo, no he argumentado desde afirmaciones dogmático-religiosas. En esta argumentación no se contraponen “convicciones religiosas” y “afirmaciones laicas”, lo que se contrapone es lo “humano” y lo “inhumano”. Se trata de un tema de “derechos humanos”, entre los cuales el “derecho a la vida” es el más fundamental de todos. En ese contexto, partiendo de las afirmaciones de especialistas en el campo de la medicina y en el campo jurídico, veo una similitud entre la ley, que en el año 1975, mandó “aniquilar a los elementos subversivos” y la ley del aborto que manda “aniquilar a una persona en el seno materno”, ambas lesionan gravemente los derechos humanos, ambas son tremendamente inhumanas.

 

Hugo Norberto Santiago

 

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